miércoles, 14 de abril de 2010

"Nuit et Brouillard" de Alain Resnais (1955).




Dolor. Muchas preguntas.

Es muy complicado entender que uno está viviendo la representación y no la experiencia misma. Como espectador uno sufre al ver el documental, se siente enfermo y desesperado, llora. ¿Y qué? Uno no está ahí, está lejos, en la comodidad de su silla. Sí, pero hay algo que se mueve muy adentro al ver Noche y niebla, el reconocimiento de que somos seres humanos pertenecientes a un pasado y a un presente. Resnais es un mago que trae la verdad desde el pasado, a partir de lo que pasa en el presente mismo. Diez años (¿apenas?) de tanta muerte y sombra, pero Resnais utiliza el color al regresar a retratar los campos: ya han nacido flores y pastura, el cielo es muy azul y las paredes son color ladrillo. Yo creía que la gente en los campos, el cielo, las pilas de lentes y zapatos, la tierra y los ojos abiertos de los cadaveres, eran grises. Resnais me descontrola, no quiero creer que eso, aquello, eso, haya ocurrido a color.

Resnais, a color, nos adentra al campo con movimientos sutiles de cámara, travellings que muestran el cielo y que descienden entrando en el campo a través de la fuerza que aún hoy siguen teniendo los alambres de púas como imágenes. Ahora estamos dentro, somos también prisioneros. Y de repente, con un golpe de tambor de la música hecha por Hanns Eisler, es 1933 y todo es blanco y negro. Vemos cómo los nazis preparan los campos, "sólo faltan ellos". Vemos con fotografías fijas, arrestos y registros. La entrada al tren. Mientras que Pelechian nos muestra el viaje en tren como una especie de montaje de impresiones paisajísticas en donde el movimiento del espacio y tiempo son de enorme belleza, aquí el tren es la pérdida gradual de la esperanza. La luz que entra a los vagones tiembla mientras entra a la noche y a la niebla. Y luego, esas mismas vías de tren a color, transitadas diez años antes. Una toma aislada podría decirnos que ahí no ha pasado nada, que podría ser en cualquier lugar. Ahí el realizador reconoce la importancia de saber y de recordar. Regresamos a ver metraje de los campos: tatuajes, consignas, pilas de cosas de alguien que ahí no está. Luego, el cruel color nos muestra letrinas en donde se tiraba de todo, bebés y excrementos. ¡Ahí siguen las letrinas!

La memoria. En Hiroshima mon amour, ese aspecto de la mente humana juega un papel determinante en los personajes y en sus relaciones, los define. Sin memoria no somos nadie y ¿qué somos después del holocausto? Qué pregunta. Creo que es un poco más facil contestar, ¿qué somos después de ver esta sublime obra de arte? En lo personal, es una de las películas que más ha cambiado mi visión acerca de la responsabilidad y alcance que puede tener el cine. Resnais y su cámara, en tren, del pasado hacia el presente (su presente en 1955) y de ahí hacia el futuro, hacia 2010 cuando veo su película y recuerdo porqué decidí estudiar cine.


Aquí hay un link de una entrevista a Resnais:
http://www.youtube.com/watch?v=gTg_knL4cks

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